La palabra relato ha sido puesta de moda por la cultura K, pero otra la complementa y tiene más connotaciones: construcción. ¿Qué otra cosa significa "construir un relato" que armar un guión adaptado a las necesidades de lo que se quiere transmitir, como si fuese el andamiaje de algo que no siempre tiene por qué ser la verdad? Mitad y mitad, exageración épica o ficción pura, según la creatividad del autor.

Los dos últimos discursos de la Presidenta, el más confuso y errático de Rosario y la pieza oratoria en el Congreso para dar cuenta del estado de la Nación, han sido ejemplo de lo que significa armar un escenario de un solo color, aunque para ello se torturen las estadísticas, se exagere un poco, se retuerzan argumentos, se hagan de las necesidades, virtudes o se apele a la victimización. Nadie le pide a un político que se tire tierra encima, pero de allí a que todas sean maduras y que no haya ninguna verde...

Más allá de los devotos de las políticas del oficialismo y de los aplaudidores que viven muy bien del Estado y que estarían dispuestos a ser claque de cualquier otro, la gran pregunta a responder no es si la sociedad en general cree en lo que dice Cristina, sino si lo consiente y por qué. La Presidenta ha sido siempre muy crítica de lo que ella cree es el relato interesado de opositores o de una parte de la prensa que sirve, suele decir, a intereses afines al capital concentrado o ajenos al sentir nacional, lo que su marido definía en su faz contemplativa como "verdades relativas".

Sin embargo, en la vorágine en la que se ha metido CFK a la hora del ir "por todo", ella misma no se priva de armar un contra-relato que no sólo irrita a la oposición política, sino que, le está poniendo los pelos de punta a muchos partidarios o ex compañeros de ruta. Uno de ellos, formado en el peronismo, quien conoce la historia de los Kirchner y ha sido raleado de cualquier responsabilidad de gestión, le dijo a DyN tras la monserga presidencial en el Congreso que "ser gorila no significa estar a la derecha. El gorilismo es el desprecio hacia las clases populares y aunque se atiendan las necesidades del momento, se hace lo necesario para que sigan sumergidas y no haya movilidad social. El gen gorila es transversal; hay socialistas, conservadores y muchos peronistas gorilas y lo es una gran parte de la sociedad que promueve el sálvese quién pueda. Pero, lo peor, es que cuando están arriba pisotean a los de abajo. Los chicos de La Cámpora son tan gorilas como los de la Coordinadora de (Raúl) Alfonsín", disparó.

¿El discurso de la Presidenta fue un discurso gorila?, se le preguntó. "En teoría, ella debería estar en las antípodas de esos pensamientos. Pero sus actitudes autoritarias y contradictorias en ciertos temas sí lo fueron. Lo peor es que se goriliza para defender cosas y personas indefendibles como (Amado) Boudou, (Julio) De Vido, (Nilda) Garré o (Alberto) Sileoni. No tragan que el supuesto gorila (Mauricio) Macri, haya arreglado con los maestros antes que ellos y sin insultarlos. Lean el discurso y van a ver", planteó.

Fuera de las broncas de la interna, que las hay en cantidad, un repaso analítico de los temas que abordó la Presidenta obligan a destacar una frase a partir de la cuál se pueden explicar muchas cosas: "La gestión es cambio permanente, la vida es cambio permanente. Lo que nunca se debe perder es la dirección que ese cambio tiene que tener", dijo. A partir de este velado anuncio, quizás lo más trascendental ante la Asamblea Legislativa, hay que preguntarse: ¿por qué debería cambiar el Gobierno, si el relato construido abundó en maravillas? Una aproximación al tema obliga a imaginar un par de respuestas: o aquello que se afirmó no era del todo verdad y se ocultaron las cosas que no cierran del modelo o el paraguas de advertencia que abrió la Presidenta es porque se están agotando peligrosamente los fondos que pagaron la fiesta y se vienen realmente tiempos de vacas flacas (corte de subsidios, freno de importaciones, techos salariales).

Un nuevo anabólico

La necesidad de contar con recursos frescos no puede desconectarse del envío al Congreso del proyecto de ley para reformar la Carta Orgánica del Banco Central, considerado por los críticos como un nuevo anabólico para estirar el proceso. Pero, como todo lo que sucede en la vidriera del kirchnerismo, el propósito invocado fue uno y las consecuencias podrían ser otras. Dijo CFK: "Ponemos punto final a la norma de convertibilidad que fuera sancionada oportunamente". Si no la hubiese pergeñado el ex asesor de Kirchner, Domingo Cavallo en 1991 y puesto en vigencia su actual aliado, el senador Carlos Menem, a la dramatización sólo le habría faltado agregar el vómito que le produce a muchos el recuerdo del 1 a 1, aun a aquellos que la apoyaron fervientemente.

Sin embargo, cuando se le lee el proyecto se observa que lo de la convertibilidad fue una excusa retórica y que lo de punto final no es punto final, porque la paridad peso-dólar ya había caído en enero de 2002 y porque ahora sólo se tocan tres artículos, sólo para darle andamiaje por el lado de las reservas a los cambios de la Carta Orgánica que, además, se transforma en una nueva Ley de Entidades Financieras. Lo importante está allí con cuatro vertientes a examinar, de los cuáles la Presidenta sólo habló orgullosamente de uno (orientación del crédito hacia la economía real), dejó pistas sobre otro (el uso de reservas), sobrevoló un tercero (financiamiento al Tesoro) y no tocó la cuestión estadística, un doloroso grano que puede salirle al BCRA.

El nuevo estatuto le da al directorio de la autoridad monetaria un poder discrecional para regular el crédito "en términos de plazos, tasas de interés, comisiones y cargos de cualquier naturaleza, así como orientar su destino por medio de exigencias de reserva, encajes diferenciales u otros medios apropiados". Como contrapartida, se saca la prohibición de remunerar los encajes por lo que los bancos podrían pasar ser meros captadores de depósitos, casi una sucursal del Central. Quizás el Gobierno no sabe que todos estos artilugios ya han sido utilizados en otros tiempos y que cualquier iniciado sabe cómo evadirlos, aunque tampoco parece recordar los males que le trajeron los redescuentos a la política monetaria de los años '80, explosión que terminó con la híper de Alfonsín-Menem, justamente hasta que llegó la Convertibilidad.

También los directores del Central deberán definir cuál es el nivel de las reservas de "libre disponibilidad", es decir cuánto oro y divisas pueden ser necesarios a su prudente juicio si hay una corrida contra el peso y así usar los nuevos excedentes para pagar deudas con los organismos internacionales y con el Club de París. La especulación sobre este punto lleva a pensar que si la ley se aprueba, se van a utilizar reservas para intentar salir del default con el organismo que nuclea a los países acreedores (como las decisiones salen por consenso, habrá que lograr allí el voto del Reino Unido), para conseguir así una boca de endeudamiento externo, otro de los tabúes que hasta ahora eludió el kirchnerismo.

"Debemos saber que el Banco Central debe estar en función de la economía real, pero no para hacer ningún zafarrancho", señaló y aquí se debe haber querido referir a eventuales financiamientos al Tesoro por encima de las normas. Se abrió una puertita y lo que habrá que definir es cuál es el nivel que se considera "de zafarrancho". ¿Hasta dónde deberá llegar el agua para que la "independencia" de BCRA considere que hay qué parar con la emisión? En un país con la historia negra de la Argentina éste es el interrogante más crítico a develar.

Otro de los puntos del proyecto casi autoriza al Central a no rendir cuentas y a elaborar sus balances de manera diferente al resto de las entidades y de las normas internacionalmente adoptadas por "su condición de autoridad monetaria". Esto se entronca con la mayor opacidad que podría darse en materia estadística, ya que el proyecto suprime la facultad de informar sobre el balance de pagos y las cuentas nacionales. ¿Y si se suprimen las informaciones sobre el nivel de reservas? Desde el BCRA se ha asegurado que la idea es que haya más estadísticas, pero son muchos los que suponen que, a la luz de lo que pasó en el Indec, la amplia credibilidad de su gerencia de Investigaciones Económicas quedará dañada. Y dijo que los cambios eran propicios porque este año se terminarán de pagar los Boden 2012, producto de los depósitos que quedaron en el corralito. Este punto lo marcó tres veces, inclusive con la cifra (U$S 19.641 millones) y señaló como una virtud que "los tuvimos que poner nosotros" como si hubiesen sido fondos propios y se hubiese podido hacer otra cosa en medio de la bonanza descripta, pero se lamentó de "todas las cosas que podríamos haber hecho", como por ejemplo tener "los mejores trenes del país (sic)".

Que esta plata se usó no quedan dudas y queda en claro su destino, pero no es el mismo caso de otras partidas gastadas de modo menos eficiente y descontroladamente, como las que fueron a parar los concesionarios de los trenes. La Presidenta se quejó de que la critican por invertir en Aerolíneas y a la vez por no hacerlo en los trenes, pero no ha dicho que la empresa aérea transporta en el año menos de 1 % de los pasajeros que viajan en ferrocarril.

Minimizó los daños de la sequía, castigó a los maestros con datos descolgados que ni siquiera usan los críticos y se desquitó con Macri con estocadas que luego el Jefe de Gobierno definió en su respuesta pública como "falsedades". Y con el péndulo del G-20 sobre la cabeza y probablemente, permeable al lobby del rey Juan Carlos, apenas se refirió al conflicto con YPF, y el caso Malvinas generó también la sensación de viraje hacia posturas más conciliadoras con los habitantes de las islas, un poco en línea con el pedido de intelectuales no kirchneristas quienes sugirieron tomarlos en cuenta.